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Actualmente hay un boom por el consumo de zeolita, a la que se le atribuyen extraordinarias propiedades curativas para todo tipo de enfermedades, incluido el cáncer. ¿Cuánto hay de verdad y de mito en esta verdadera revelación de la medicina complementaria? Descúbralo en el siguiente reportaje.

 

Por Antonio Muñoz B., Periodista PUC

La zeolita es un mineral de origen volcánico cuyo nombre científico es clinoptilolita, de la que existen tres variedades: Potásica, magnésica o cálcica, siendo esta última la más común y la más estudiada y aplicada en el tratamiento de diversas enfermedades. En nuestro país, los mayores yacimientos de zeolitas se encuentran en la zona de las termas de Quinamávida y Panimávida, en la Región del Maule. En todo caso, también es posible fabricarla sintéticamente, conservando las mismas propiedades curativas de la natural.

Aunque hay antecedentes de su uso en la salud de las personas ya en la China milenaria, en Occidente, en cambio, no es sino hasta el siglo XX que comienza a dar que hablar. Entre las primeras investigaciones científicas se cuenta la de la Universidad de Berlín, en Alemania, que sirvió de base a estudios que posteriormente se realizaron en Cuba para suplir la carencia de medicamentos farmacológicos, a causa del bloque comercial impuesto por Estados Unidos al gobierno de Fidel Castro. A su vez, dichos estudios sirvieron de base a la investigación clínica que, en Chile, el Dr. Wilson Araya viene desarrollando desde el año 2013, aunque sus primeros pacientes tratados con zeolita se remontan una década atrás. En forma paralela, la Universidad de Concepción también ha hecho aportes en el ámbito bioquímico molecular.

Uno de los primeros casos del famoso médico alópata, de reconocido prestigio en el ámbito de la medicina complementaria,
correspondió a una mujer con cáncer de mamas que, en el 2004, estaba desahuciada a causa de un tumor de 3.500 milímetros cúbicos ubicado en su seno izquierdo. Al tratarlo con zeolita, el Dr. Araya logró revertir el diagnóstico en cuatro años, llevando a cero el volumen tumoral.

“En buen chileno, se salvó jabonadamente. Como ella, hay muchos otros casos. Pero el de esta paciente debe ser el más espectacular, porque, además, me preocupé desde el comienzo de medir, de tomar nota de la evolución y de recopilar comentarios incluso de mis colegas alópatas. Hay hasta una nota mía relacionada con una pelea con un radiólogo por los tumores que él creía científicamente medir». Entonces yo le digo: ´Espérese un poco. Usted es científico y dicen que la ciencia
mide cosas exactas; entonces, póngase de acuerdo: está o no está el tumor´. Lo hice de puro antipático, porque yo mismo sabía que el tumor estaba desapareciendo”, recuerda hoy desde el centro Holymed, que dirige en Providencia.

Años después, impulsó la investigación que, a la luz de las conclusiones obtenidas en junio del 2016, confirmaba las
propiedades casi milagrosas del producto.

“Aquí fueron observados tres grupos de pacientes: con enfermedades autoinmunes
en general, pacientes con artralgias o dolores articulares y pacientes con cáncer. Se hizo un seguimiento de su pH por lo menos durante 4 meses, luego de suministrar 2 gramos de zeolita dividido en cuatro dosis al día, y se observó, entonces, el estado clínico. En los tres grupos hay un aumento significativo del pH durante los dos primeros meses. El único grupo que se frena en el tercer mes es el de los pacientes con cáncer, lo que podría explicarse como consecuencia de un mecanismo compensatorio. Es como si la célula cancerígena entendiera que no tiene posibilidad alguna de sobrevivir y tendiera a hacer resistencia, a defenderse. Lo que hicimos después de este estudio, al darnos cuenta del frenazo, fue aumentar en el grupo
de los pacientes con cáncer la dosis de zeolita”, explica el Dr. Wilson Araya.

Mucha agua ha pasado bajo el puente desde aquellos años. Hoy, la zeolita se publicita en todas las plataformas Comunicacionales, quedando muchas veces la dosificación del suministro a criterio del propio paciente o, en otros casos, de terapeutas sin la formación adecuada.

“Hace tres años, llegó a mí un paciente con un cáncer pulmonar. Le habían dicho que la zeolita actuaba directamente sobre el tumor. ¿Cómo se la dieron a ingerir? ¡Inhalando! El paciente se me murió por una
silicosis terrible, antes de comenzar a tratarlo. Entonces, si un paciente con cáncer respira mal y tú le metes sílice, aluminio
[contenidos en la zeolita], al pulmón, cero posibilidades de sobrevivir. Es el caso también cuando te sugieren ingerirla con
mínima granulación. Simplemente, no hay ninguna posibilidad de absorción en el organismo humano. Parecen piedras y
aun así hay terapeutas que la han recetado. Tú requieres utilizar una granulación determinada. Por eso, mi sugerencia es
asesorarse con expertos como el doctor (Ricardo) Soto, como (Hugo) Fuchslocher, que fue estudiante mío en la universidad
y es químico farmacéutico, o vente para acá. Lo importante es que haya alguien que pueda responder responsablemente
frente a lo que te sucede. Luego, ¿cómo sabes tú si la dosis que estás administrándote está bajo lo que necesitas o sobre lo que necesitas? ¡Si nadie te dice cómo medir el pH!”, enfatiza el experto en medicina complementaria.

Según el Dr. Wilson Araya, en la efectividad de un tratamiento con zeolita, una de las claves es el equilibrio mineral de cada
persona, que se puede medir a través del pH. Si se hace por medio de la orina –procedimiento que utiliza con sus pacientes
por ser más práctico–, la idea es que el índice fluctúe entre 6,0 y 7,25. Si se altera dicho balance hacia arriba o hacia abajo,
se puede mejorar del cáncer, pero morir por otras circunstancias como una infección micótica (que suelen desarrollarse
cuando el pH está sobre el rango) o por debilitamiento del sistema inmunológico (riesgo cuando está bajo el rango), propiciando por ejemplo crisis de pánico, entre otros trastornos. De hecho, es enfático al afirmar que, a mayor acidez, se ha demostrado que no sólo aumenta la velocidad de reproducción de las células cancerígenas, sino también su agresividad.

Otro punto esencial en el impacto sobre la salud de las personas depende de la disposición anímica y mental del propio
paciente. Al respecto, el Dr. Araya sostiene:

“Es muy importante que el paciente sostenga la intención y tú, mientras más variables tienes, cuentas con menos posibilidades de centrar la atención en una terapia. Lo que yo sugiero a mis pacientes es que centren su atención en dos o tres terapias. A algunos les gusta mi opinión y, a otros, les carga. Hoy, hay medicamentos que son esenciales para tu proceso de sanación. Pero es probable que, dentro de dos meses, esos mismos medicamentos hayan cumplido su función y haya,
por ende, que reemplazarlos por otros. Aquí el manejo mental es fundamental. Lo importante es cómo esa mente, cómo
esa emoción, cómo esa alma está parada frente a una terapia. En el caso de esta paciente con cáncer de mamas, ella también pudo haber sanado sin zeolita. No es el medicamento esencialmente el que hace lo que hace. El medicamento hace lo que hace, siempre y cuando encuentre un manejo emocional, mental, una predisposición. Entonces, las conversaciones con el paciente son esenciales, al igual que su trabajo espiritual y su apertura. Ojalá esté abierto a todas las posibilidades,
alópatas y no alópatas, vegetarianas y no vegetarianas”.

Por eso, si bien reconoce las propiedades curativas de la zeolita, el experto aclara que la sanación depende, en última
instancia, de otros factores:

“Mi medicamento favorito es la fe. Yo creo que puede sanar cualquier cosa. Si tú motivas
a una persona a que se centre en sí misma, a que aprenda a amarse a sí misma, a perdonar, a disfrutar, a recuperar
la dignidad del ser humano, entonces la zeolita es secundaria. Antes del 2004, mis pacientes también sanaban de cáncer
sin zeolita. Y antes de eso incluso, también sanaban con quimioterapia preparada homeopáticamente. Hay otros temas
mucho más trascendentes en el fenómeno de la sanación. Entonces, desde esa perspectiva, la zeolita es una superbuena
aspirina, pero es aspirina al fin y al cabo. ¿¡Cómo es posible que los médicos alópatas aún sigan negando la relación entre el cuerpo y la emoción!? Es ridículo.

Entonces el trabajo de (Ryke Geerd) Hamer abre las puertas para que nosotros, desde la ciencia, entendamos la relación
de todo el ser, y se le dé a él el reconocimiento
que merece”.

Artículo publicado originalmente en la Edición 159 de El Guardián de la salud, en agosto del año 2017

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Revista Soluciones Digital Nº3 Cáncer

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