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Muy atareado es el día a día del Dr. Rodolfo Neira, porque a sus habituales responsabilidades en la UTI de Clínica Las Condes, suma su consulta como especialista en medicina de los estilos de vida, siendo además coach en nutrición y bienestar. Sin duda, una base que sustenta sus apariciones en Canal 13 y Mega, desde donde este médico internista e intensivista de 39 años comparte su visión de la salud, forjándose –de paso– un renombre público. Incluso, ha incursionado en el emprendimiento con el sitio web: medicinadelaconsciencia.cl, del que es su creador, y como socio de la tienda “Al grano”, en el sector oriente de Santiago.

 

Por Antonio Muñoz B., Periodista PUC

 

En sus conferencias suele hablar de cambios. ¿Por qué ocurren?

“Desde el punto de vista de la realidad en que estamos viviendo, creo que lo que más marca los cambios que están aconteciendo se relaciona con la noción de la física subyacente. En ese sentido, una línea de pensamiento científico un
poco más outsider se ha dado cuenta de que lo que Max Planck hablaba –la física cuántica– ha empezado a permear
en líneas de pensamiento científico, donde ahora la conciencia tendría un rol en la creación de la realidad. Por lo tanto, el tema de lo que vamos cocreando nosotros junto al universo, ya no solamente queda en ambientes más esotéricos y más místicos, sino que ahora tiene una validez científica respecto de entender cómo, efectivamente, nosotros tenemos un cuerpo y que este cuerpo sería un vehículo de la conciencia y no al revés. La línea científica de pensamiento más tradicional habla
que nosotros crearíamos estados de conciencia en nuestro cerebro. Pero ahora, desde el punto de vista de la ciencia postmaterialista, lo que está “in” es que la conciencia primaría. Y en esta primacía de la conciencia aparece, entonces, este nuevo paradigma que es cómo enfrentamos esta visión de salud cuando prima la conciencia. Es ahí donde entendemos que la medicina alópata –que se caracteriza por ser materialista, reduccionista y sintomática, y necesaria por cierto–, es absolutamente insuficiente para aproximarse a la salud integral de la curación. Cuando aparece este nuevo paradigma de la primacía de la conciencia –o medicina de la conciencia, como le llamo–, las herramientas de que dispone el ser consciente sobre los cuerpos sutiles –y, finalmente, sobre el cuerpo físico– son trascendentales. El problema es que hay que reestructurar los sistemas de creencias para que la gente entienda ahora que ya deja de ser paciente para convertirse, muy a su pesar, en un ser activo”.

 

Este nuevo paradigma de la realidad, ¿tiene sustento científico?

“Sí, aunque no validación plena, porque lamentablemente la ciencia actual, el mainstream que es la corriente principal, aún maneja la teoría del materialismo reduccionista, sabiendo que hace más de cien años que no es la base que sustenta la realidad. Pero hay grandes pensadores, como Ervin Laszlo, que están hablando del tema del macrocambio, desde la parte evolutiva del ser humano y cómo esta cuántica, donde la conciencia sería el inicio de todo, nos da la posibilidad de entender que quizás nuestra realidad es mental y, por ende, espiritual y totipotencial. Ahora podemos saber, desde la primacía de la conciencia, que estamos experimentando una vivencia holográfica de nuestra conciencia, hecho del que habló en 2005 una revista tan importante como “Nature”. Si nuestra conciencia es holográfica, ahí radica entonces la posibilidad de autocuración,
porque la paradoja actual de la medicina alópata es ese paciente que, por ejemplo, se autocura en 8 semanas de un cáncer
avanzado metastásico. Entonces, lo que llamamos milagro, dentro de la medicina de la primacía de la conciencia, es absolutamente posible”.

 

Pero, ¿por qué algunas personas pueden autocurarse y otras no?

“Porque no basta solamente la técnica, que es una tercerización de terapias donde yo paso a tercerizar el médico alópata en múltiples terapeutas. Sin embargo, en el medio está el “valle de la muerte” por donde uno debe caminar y que tiene que ver con la experiencia. Entonces, yo no puedo apurarme si tengo miedo. Esa es la complicación. Por eso muy pocos remiten espontáneamente, porque el miedo implica ansiedad. Voy a buscar frenéticamente la curación. Y esa ansiedad es inflamación, es metástasis, es enfermedad. Entonces, la aceptación, la gratitud, el no miedo y el no juicio son el primer escaño que debemos lograr para acceder a la conciencia, donde no anida el miedo. En cambio, en el paradigma del programa “ego”, en el cual nacemos, habita el miedo y es lo que condiciona tus cambios, con una baja probabilidad de éxito porque no estás conectado con la conciencia. El programa “yo soy”, que conecta la conciencia a través de redes neurales que tú creas por medio de la experiencia, te permite el no juicio. Y como tienes la certeza de trascendencia, se acaba el miedo. Y,
desde ahí, uno puede efectivamente levantar herramientas de autocuración”.

 

Entonces, ¿hay que vencer el miedo para autocurarse?

“No sé si es tan simple. Pero, por lo menos, es la condición sine qua non para acceder a levantar estados de autocuración, entendiendo que el impacto energético que genera el miedo en las células es continuo. Ningún zumo te va a curar ese miedo, ninguna pastilla. Eres tú, tu yo interno, quien tiene que aceptar esta situación con gratitud. No se trata de esas aceptaciones que vienen del programa “ego” donde baipaseas la realidad y no quieres hacerte cargo: ´No, yo no estoy enfermo´, que es
otra postura muy tradicional. Acá, no. Aceptas, lloras, transitas el dolor, lo recorres, pero sin juicio, sin apego, porque –de lo contrario– lo transformas en sufrimiento. Como te desapegas, aceptas y no enjuicias, comienzas a vibrar en la energía que promueve la curación, que es el amor. No el amor como lo entendemos usualmente, donde yo te amo a ti, porque eso es apego, sino el amor como estado. De ahí deriva la tecnología más alta a la que podemos aspirar, que es la del amor. El amor no es apego, es la antítesis del miedo. Sin embargo, la vivencia humana vibra en el miedo, que es la frecuencia más baja, donde están la incertidumbre, la impotencia, el enojo, la ira, la envidia, la pena, la tristeza, el cuestionamiento. No sabemos quiénes somos, estamos desconectados. Entonces, en esta nueva realidad que estamos viviendo, tenemos la posibilidad teórica de conectarnos internamente, despertando capacidades autocurativas cuando te haces cargo de lo que está ocurriendo, cuando te haces ciento por ciento responsable. Ahí surge la posibilidad del ser humano para hacerse cargo de su salud y empezar a embellecer su vida. No con la idea de ser sano, sino con la idea de ser feliz, que va muy de la mano”.

En este nuevo paradigma, ¿cómo se inserta la alimentación?

“Es bonito ese tema, porque la nutrición es mi caballito de batalla. Nuestra alimentación tradicional de antes de 2,5 millones de años atrás –porque hace 2,5 que estamos metidos con los animales– estaba basada en plantas, y así lo refrenda la revista “Science”. Cuando nos alejamos del trópico para acercarnos a las zonas árticas, subárticas y australes, nos perdimos. Tuvimos que echar mano a los animales por necesidad, por falta de disponibilidad de frutas y verduras. No hay nada innato de carnivorismo en el hombre, es aprendido. No porque lo hemos hecho siempre, debemos seguir haciéndolo, sino que tenemos ahora la oportunidad de cambiar en el vector de evolución nutricional.

 

¿Cambiar hacia dónde?

Hacia lo que te entrega más beneficios fisiológicos a ti, lo que más aporta a la humanidad y al planeta. Tres en uno: aporte planetario, aporte humanitario y aporte fisiológico interno. Solamente cambiándose a las plantas, lo que antes era una nutrición más sana. ¿Y qué genera eso? Genera un estado de levedad, porque te quitas el sufrimiento, te quitas la muerte de encima. Y, finalmente, ¿qué comemos? Sol, a través de las plantas. La energía fotónica es la que nos entrega radiovitalidad, entendiendo por radiofotónica lo que comemos de las plantas. Por eso es tan importante la alimentación cruda. Tú puedes estar vivo comiendo asados, pero sin vitalidad. Entonces, el lunes es difícil, el martes más aún. Estás viviendo, pero eres un
sobreviviente, no tienes la vitalidad de la radiación fotónica inmersa en los alimentos. Más adelante, cuando seamos más elevados espiritualmente, no vamos a tener que comer, porque es un gasto energético completamente innecesario. Vamos a alimentarnos de prana, como ya hacen muchos meditadores en India. Por ahora, tenemos que comer sol, derivado de las plantas. Entonces, ¿qué es lo que te entrega el concepto de conciencia y nutrición? Que cuando yo me empiezo a amar, yo elijo formas diferentes de alimentarme con base en la información disponible. Mientras tú eleves tu alimentación y te empieces a conectar con tu amor propio –el programa “yo soy”–, te alejas del programa “ego”, donde solamente buscas el bienestar hedónico. Pero estos cambios no derivan solo de la información. Porque, por ejemplo, todo el mundo conoce los
efectos tóxicos del tabaco, pero de todas maneras hay gente que fuma. ¿Por qué? Porque no tenemos conciencia. Conciencia en el entendido de quien se ama. Lo que buscas es un amor que está afuera: que te acepten, que te adulen,
que te hagan cariño, que te amen. Pero cuando te amas tú, no hay espacio para tonteras. ¿Cómo voy a fumar si me estoy amando? No tiene mucho sentido. Por eso, los cambios derivados del estado de conciencia y del amor propio te llevan al autocuidado.

Ahora, la información clásica nos dice que la comida omnívora genera las enfermedades crónicas no comunicables asociadas al envejecimiento. El 63% de las muertes en el mundo son derivadas de los estilos de vida, donde la nutrición es un pilar demasiado potente. De allí la importancia de cambiar al paradigma de la nutrición basada en plantas, al que por ningún lado le han encontrado yaya. Todo lo contrario. Cada vez que te alimentas en base a plantas, mejoras tu microbiota. Y tu nueva microbiota intestinal es, a la vez, una carretera de doble vía: si le doy pensamientos lindos a las bacterias intestinales, les entrego alimentos a través de las plantas, ellas me entregan propulsores para que mi cerebro funcione bioquímicamente
basándose en la templanza, la alegría, la satisfacción y el bienestar. Sin embargo, si yo tengo disbiosis microbiótica a causa de la alimentación omnívora (compuesta de animales y plantas), voy a generar mucha dificultad para  estar templado y ecuánime, impidiendo mi ingreso a niveles más elevados de conciencia. Y eso condiciona que, probablemente, sigamos viviendo en el carril de la carretera reactiva, emocional e inconsciente, que es la carretera en que todos nacemos. La oportunidad es ésta: cómo yo, cambiando patrones nutricionales, puedo incorporar experiencia bioquímica cerebral de ecuanimidad, donde te condicionas para que puedas estar consciente”.

 

¿Es viable este tipo de alimentación en una sociedad como la nuestra?

“Es viable. El problema es que es pega. Y la población occidental no quiere más pega, porque ya no lo está pasando bien. Ya está viviendo en un formato de sobrevivencia, donde somos zombies autómatas que hacemos, finalmente, un check list social. Pero este chek list social no nos lleva a un estado de satisfacción profunda, aunque haya mucho bienestar o se tenga muy poco, porque falta la conexión interna. Te lo han dicho todos los místicos que han pasado por acá. El problema es que ahora le ponemos un poquito de neurociencia, de neurobiología, y sabemos que ese estado de conciencia no va a llegar del
cielo. Tenemos que trabajarlo. Y ese trabajo significa que yo necesito de una pausa en el día, una pausa que tengo que gestionar, porque paso del trabajo a la distracción y al sueño. Y con todas las combinaciones posibles: quienes trabajan mucho, se distraen poco y duermen mucho; quienes trabajan poco, se distraen mucho y duermen mucho…”.

 

En su modelo, ¿todo se basa en frutas y verduras?

“Es todo un mundo basado en plantas, desde frutas, verduras, hortalizas, granos, semillas, algas, brotes, hongos, setas.
De ahí obtienes todo lo que necesitas para vivir. Y de extrema calidad. Las enfermedades no comunicables que actualmente nos matan son derivadas de una nutrición omnívora. Conocemos siete razones para no comer carne, cada una más fuerte que la otra. Sin embargo, seguimos comiendo carne porque no me muero al día siguiente, ya que el desgate es profundo, inflamatorio y progresivo. Sucede lo mismo con el tabaco”.

 

¿Es partidario de la suplementación alimentaria?

“Sí. Porque nuestra vida actual es de una nutrición bastante paupérrima, pese a que te alimentes sobre la base de plantas. Es
el costo de la industrialización de los cultivos convencionales, donde tenemos una tierra devastada y completamente deshidrogenada. Como estamos llenos de pesticidas, herbicidas y agroquímicos derivados del glifosato, una manzana de hoy no tiene el mismo porcentaje de quercetina que una de antes. El trigo tampoco es el mismo. Todos los alimentos están modificados y, más encima, intoxicados. Entonces, quedamos en deuda nutricional muchas veces, por lo que hay que analizar
algunos niveles para saber ver si tengo que suplementarme o no. En algunas personas hay que ingresar, lamentablemente, con suplementos, pese a que te alimentes muy bien. Estamos hablando de dos o tres como máximo. Por ejemplo, vitamina D, porque el 92% la formamos en la piel a través de la radiación UV. Y hoy nos bloqueamos del sol porque lo consideramos malo. Y el sol es vida. El problema es que nosotros destruimos la capa de ozono. Pero tenemos que exponernos al sol.
En estos momentos, el 83% de la población tiene hipovitaminosis D, un porcentaje muy alto. La vitamina D no solo es metabolismo, calcio, hueso, fósforo, sino que estudios demuestran sus múltiples relaciones con múltiples enfermedades no comunicables. La nutrición es un tema fundamental y, por eso, muchas veces necesitamos de algunos suplementos”.

 

¿Algún dato para nuestros lectores?

“Sí. Dos datos muy sencillos y muy importantes. Una buena noticia: el cambio de paradigma ya está instalado, ya logramos el paso de esta órbita terrestre que cambió de vibración a este planeta. Con ello, nosotros vamos en camino de cambiar también, pero necesitamos liberarnos del miedo y no dejar de dudar. Insisto: liberarnos del miedo, de no dejar de dudar y empezar a vivir un estilo de vida higiénico en lo nutricional, en lo laboral, en lo domiciliario, en lo relacional y, por supuesto, en lo nutricional. Y, ojalá, todo ello bañado en un reencuentro íntimo, donde sepas que eres un ser espiritual viviendo una experiencia humana. Y que tu co-creación de la realidad depende cien por ciento de tu estado de conciencia. Entonces, lo que antes pensamos que era tradición budista, hoy es ciencia budista. Y eso es lo más bonito”.

Entrevista publicada originalmente en enero del 2018 en la Edición 164 de El Guardián de la Salud.

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