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Paola Ramírez Vega
Nutriterapeuta en Medicina Ortomolecular

Para comenzar quisiera aclarar que la palabra demencia no hace referencia a una enfermedad específica, sino que es un término generalizado que describe una amplia variedad de síntomas relacionados con el deterioro en la capacidad mental; a veces, lo suficientemente grave como para interferir en el desarrollo de la vida cotidiana de cualquier persona.

Entre los tipos de demencia más comunes está el Alzheimer, y la demencia vascular, que ocurre luego de un accidente cerebrovascular. Pero también existen otro tipo de condiciones que, si no se toman en cuenta a tiempo, pueden llegar a provocar demencia.

Para que una persona sea diagnosticada con demencia, en general y según los criterios de diagnóstico, debe tener un déficit cognitivo al menos en dos áreas, tales como lenguaje, cálculo, orientación, memoria y juicio. Pero además, estos déficits deberían ser lo suficientemente importantes como para originar una incapacidad social o laboral. Si el paciente no reúne estas condiciones, entonces se considera que tiene un deterioro cognitivo leve, el cual es parte de la transición entre el envejecimiento normal y una demencia leve.

Cetonas, grandes amigas de la salud mental

La presencia de cetonas en el organismo, además de ayudar en múltiples problemas de salud, también puede alimentar su cerebro y prevenir la atrofia cerebral. Es más, las cetonas pueden incluso restaurar y promover la renovación de la función de las neuronas y de los nervios cerebrales después de un daño.

Un aumento de cetonas en nuestro organismo, está completamente ligado al consumo de grasas específicas (de cadena media y larga), de buena calidad.

Los ácidos grasos de cadena media cumplen una función realmente noble, al ser responsables de crear cetonas a un ritmo mucho más fluido que otras grasas, ya que estos ácidos grasos en particular son fácilmente absorbidos y metabolizados por el hígado. Los cuerpos cetónicos son una importante fuente de energía para el cerebro, y son muy beneficiosos en personas con deficiencias en sus sistemas cognitivos. La estrella específica de estos ácidos en casos de demencia o de su prevención, es el aceite de coco extra virgen, prensado en frío.

Aceite de coco y Alzheimer

En el año 2012, ocurrió un boom en torno al aceite de coco y su relación con la enfermedad de Alzheimer. Esto coincidió con el fracaso de un medicamento avalado por los laboratorios Pfizer y Medivation, cuando este se encontraba ya en la fase 3 de los ensayos.

Unos años antes, comenzaba a darse a conocer la historia de la Dra. Mary Newport, cuyo marido tenía Alzheimer, y ya no respondía como debía a su tratamiento farmacológico. La Dra. Newport, que en alguna ocasión leyó varios ensayos sobre los ácidos grasos de cadena media y su relación con los estados de demencia, decidió por sí misma comenzar a añadir aceite de coco a las comidas de su esposo. Un año después, no se había curado, pero había mejorado muchísimo.

La Dra. Newport, se basó en estudios preclínicos de evaluación de Axona, un medicamento cuya finalidad era proveer al organismo de cuerpos cetónicos, el cual demostró su efecto neuroprotector en neuronas de ratón cultivadas en un medio rico en péptidos amiloides.

Por otro lado, tres estudios en humanos finalmente concluyeron que el aumento de los niveles de cetonas implica una mejoría en los procesos neurodegenerativos.

La Dra. Newport recomienda comenzar con una cucharadita pequeña de aceite de coco, 3 veces al día, con o después de los alimentos, e ir aumentado progresivamente la cantidad. Dependiendo del caso a tratar se puede llegar a unas 4 o 6 cucharadas soperas durante el día, distribuidas en las comidas.

Es importante mencionar que estas dosis son las recomendadas, específicamente, para personas adultas que ya padecen Alzheimer u otras enfermedades neurodegenerativas que impliquen la disminución de su capacidad neuronal en la asimiliación de glucosa. Ejemplos de ellas son: demencia degenerativa, Parkinson, esclerosis lateral amiotrófica, esclerosis múltiple, demencia vascular, distrofia muscular progresiva, síndrome de Down, entre otras.

Prevenga y mejore su calidad de vida con estos consejos

Si existe un tipo de alimentación beneficiosa para la salud cerebral, esta es la del tipo cetogénica, la cual es alta en grasas beneficiosas, moderada en proteínas y baja en carbohidratos, evitando sobre todo el azúcar y la fructosa refinada. Si requiere orientación en el tema, busque un profesional competente, idealmente con experiencia en nutrición ortomolecular. Además:

  • Elimine el gluten (proteína del trigo), ya que este afecta negativamente la barrera hematoencefálica.
  • Optimice su flora intestinal, consumiendo regularmente alimentos fermentados como kéfir (yogur de pajaritos), chucrut natural o por medio de suplementos probióticos de alta calidad.
  • Aumente el consumo de grasas saludables, incluyendo los ácidos grasos omega 3 de pescados, idealmente del aceite de sardinas. Esto, porque los ácidos grasos EPA y DHA, que contiene el aceite de sardinas, son de cadena larga, pero también son un gran aporte para complementar el trabajo de los ácidos grasos de cadena media, y su consumo regular ayuda en la prevención y retraso del daño celular, causado por el Alzheimer, u otros tipos de demencia.

Algunas fuentes de grasas beneficiosas son:

Aceite de coco; pescados azules como atún, caballa, jurel, salmón (idealmente frescos); paltas mantequilla de campo; yemas de huevo; almendras y nueces; crema de leche, carnes, etc.

  • Consuma a diario al menos 3 porciones de vegetales frescos, y beba mucha agua pura.
  • Realice algún tipo de ejercicio. Esto produce un desarrollo del hipocampo y una mejor memoria. Incluso, se ha sugerido que el ejercicio es capaz de desencadenar un cambio en la forma en que la proteína amiloide se metaboliza, lo que ralentiza la aparición y progresión de la demencia.
  • Consuma vitamina D. Se cree que tener niveles óptimos de esta vitamina, podría aumentar una cantidad de importantes sustancias químicas cerebrales que protegerían a las neuronas. También llamada la vitamina del sol, puede hacer que su propio cuerpo produzca vitamina D por me- dio de la exposición al sol. Tomar sol 15 a 20 minutos diarios, con la piel descubierta, es lo ideal.
  • Trate de eliminar lo más posible el ingreso de mercurio a su organismo. Evite alimentos que puedan estar contaminados con él, como algunos tipos de pescado, y tenga especial cuidado de los empastes odontológicos que usan amalgamas de mercurio, ya que son una de las principales fuentes de toxicidad por metales pesados.

Fuentes:
-https://articulos.mercola.com/sitios/articulos/archivo/2017/02/23/senalestempranas-de-demencia.aspx
-https://soycomocomo.es/especiales/coco/aceite-de-coco-para-elalzheimer-y-demencia-senil
-https://www.hipocampo.org/mci.asp


Encuentra este artículo en la Edición Nº169 de El Guardián de la Salud

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