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Gratuita, relativamente al alcance de la mano y, lo que es más importante, milagrosa para la salud de las personas. Así lo evidenciarían los estudios científicos que, hace más de un siglo, se desarrollaron en Europa y que han tenido tímidamente eco en Hispanoamérica.

 

Por Antonio Muñoz B. Periodista / Licenciado en Información Social PUC

 

Quizás a pocas personas les resulta familiar el nombre de René Quinton o de Otto Heinrich Warburg. El primero, de origen francés, logró notoriedad gracias a su teoría de que el mar era el entorno natural en que se desarrollaban las células animales y de que cualquier alteración de estas, como por ejemplo el cáncer, era producto de un desequilibrio. En tanto, Warburg, de origen alemán, tomó como referencia los trabajos de Quinton para estudiar el metabolismo de los tumores y la respiración celular, especialmente de las células cancerosas, ganando el Premio Nobel en 1931.

Desgraciadamente, los aportes que ambos realizaron en cuanto al tratamiento del cáncer u otras enfermedades por medio del agua de mar fueron condenados al olvido por sus pares, ya que iban en contra de la industria farmacéutica. Eso, al menos, hasta hace pocos años, cuando la doctora de origen catalán María Teresa Ilari retomó esta misma senda en Nicaragua, país
donde se radicó hace alrededor de 30 años. “El agua de mar es potable, ingerible  benéfica para tratar enfermedades y mejorar la desnutrición, ya que contiene ácidos nucleicos, ADN, minerales, grasas, proteínas, plancton, huevos y larvas de peces, cadenas de carbono, virus y bacterias, vitaminas y aminoácidos”; declaró hace dos años en un portal de Internet.

En Chile, tiene varios seguidores. Entre ellos, José Vallejos, dirigente del Comité por el Agua de Villa Alemana, cuya pareja, María Elena, es sobreviviente de un mieloma múltiple. ¿Cómo llegó a lo que parece imposible? Según su relato, gracias a las redes sociales fue “bombardeado” con información sobre tratamientos complementarios, uno de los cuales era con agua de mar.

“Motivado por un amigo, comienzo a investigar y voy dándome cuenta de la certeza que tiene René Quinton con sus tratamientos en base a agua de mar, que, en el peor de los casos, si no puede curar el cáncer u otras enfermedades –como alcoholismo, alergias, anemia,  artritis, asma, tiroides, colesterol, desnutrición y diabetes–, al menos puede aliviar los síntomas”, relató en entrevista exclusiva con El Guardián de la Salud.

Supervisado por la Dra. Ilari, tanto José Vallejos como María Elena ingieren a diario medio litro de agua de mar, distribuido en distintos horarios a lo largo del día y bajo la siguiente fórmula:

200 cc de esta diluida en 600 cc de agua potable hervida y a temperatura ambiente. La nueva infusión se puede beber sola o, para quitarle lo salobre, mejorada con rodajas de limón o con hojitas de menta, también en jugos a base de frutas y verduras.

Dato clave: es almacenarla en envase de vidrio.

“Mi amigo José Frías consume agua de mar hace más de cuatro años. Él mismo la trae en bote desde mar adentro, frente a Viña del Mar. Luego, hacemos la purificación del agua con unos filtros especiales y la preparamos, según las pautas de la doctora Ilari, quien ante el mieloma múltiple me dijo: nada de quimioterapia, solo agua de mar y cambio de dieta. Y así lo hicimos. Y hoy mi compañera está curada”, enfatizó el activista medioambiental de Villa Alemana.

Artículo originalmente publicado en Julio del año 2017 en la edición 158, pagina 18 de El Guardián de la Salud. 

 

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