Niños con artritis: Cómo tratarlos en forma natural

El espacio articular entre los huesos contiene cartílago, diseñado para permitir que los extremos de los huesos se deslicen entre sí de manera suave. Estos espacios articulares están rodeados de singulares cápsulas que en su interior albergan a la membrana sinovial, cuya función es producir el líquido sinovial que lubrica las articulaciones permitiendo una correcta movilidad.

El espacio articular entre los huesos contiene cartílago, diseñado para... seguir leyendo

Paola Ramírez Vega

Nutriterapeuta y orientadora ortomolecular INLAKECH.BIOCOSMETICA@GMAIL.COM

El espacio articular entre los huesos contiene cartílago, diseñado para permitir que los extremos de los huesos se deslicen entre sí de manera suave. Estos espacios articulares están rodeados de singulares cápsulas que en su interior albergan a la membrana sinovial, cuya función es producir el líquido sinovial que lubrica las articulaciones permitiendo una correcta movilidad.

Cuando hay demasiada producción de líquido sinovial, estas cápsulas se inflaman (sin que exista traumatismo). Las articulaciones se tornan rígidas, calientes, hinchadas y dolorosas, manifestando lo que se llama artritis crónica juvenil, idiopática (causa absolutamente desconocida) o artritis reumatoide infantil. Sin embargo, se tiene certeza de  que no es hereditaria.

La alopatía ha llegado a la presuposición de que es producto de un mal funcionamiento del sistema inmunológico. Hay algunos postulados que atribuyen a ciertos tipos de alergias y cambios de presión atmosférica la “mala” reacción del sistema inmune. Se puede diagnosticar, incluso como reumatoide, a partir de una prueba que mide ciertas inmunoglobulinas específicas llamadas factor reumatoide (a pesar de que estas inmunoglobulinas pueden estar presentes incluso en un proceso de tuberculosis, lupus o  lepra). De modo que no es tan específica.

Oficialmente un médico por lo general solicita  radiografías, análisis de orina, sangre o incluso un estudio sinovial para definir el diagnóstico. El procedimiento sigue con tratamiento de reposo articular o general. También se prescribe rehabilitación de kinesiólogo, fisioterapia y fármacos, que incluye antiinflamatorios no esteroidales (AINEs), como el naproxeno o ibuprofeno, incluyendo en algunos casos paracetamol o aspirinas, selecovix, meloxicamo, ácido mefenámico, y esteroides como corticoides, prednisona, betametazona, entre otros.

También se utilizan otros fármacos como los inmunosupresores, que en su mayoría provocan reacciones bastante severas en el paciente, que incluyen infertilidad, cistitis hemorrágica, problemas a la vejiga, náuseas, aumento de infecciones. Se han identificado algunas como promotoras del cáncer. La ciclofosfamida es una de las más emblemáticas ocupadas hoy en día.

La creatividad y el ingenio, unida a la inmensa capacidad de producción de la  industria farmacéutica ha multiplicado los fármacos de esta categoría por montones.

Otra visión

Según los asertivos estudios del doctor en medicina Ryke Geerd Hamer, la artritis reumatoide es el resultado de un conflicto de desvalorización.

Presenta inflamación y dolor al periostio (piel del hueso), cuya intensidad dependerá de la fuerza del daño emocional que llevó a la persona a sentirse desvalorizada.

Cuando ya se ha declarado artritis reumatoide, el organismo ha comenzado a sanar del daño ocasionado por la desvalorización. El detalle es que tenemos memoria. El dolor actúa como un recordatorio del conflicto. No permite la autocuración, generando un círculo vicioso.

En el caso de los niños es distinto. Muchos consiguen superar el conflicto. Es por esto que los niños logran salir airosos de la artritis reumatoide, ellos por lo general superan sus limitaciones, las asimilan y aprenden a vivir con ellas plenamente, lo que les libera de los conflictos de autoestima y valoración propia. No así con los adultos, que limitan su capacidad de aprendizaje y creatividad, quedando así a merced de la memoria, la cual se ocupa de revivir los momentos que muchas veces ocasionan la reacción natural de nuestro cuerpo, que va desde una simple aceleración de ritmo cardiaco a crecimiento celular, inflamación y/o dolor. Si en este momento está leyendo, compruebe imaginando que parte un jugoso limón y lo exprime en sus labios, tal como se segrega saliva el cerebro es capaz de generar cualquier sustancia, aunque el estímulo ni siquiera esté cerca. O mucho peor, que ni siquiera exista.

  “Como dice una antigua tradición, “si no está en tu mente, no existe”, esto es particularmente cierto en el caso del limón, porque quienes no conocen este fruto al leer esto no salivarán ni siquiera un poco”.

Tratamientos no invasivos

Terapia física

El ejercicio promoverá el crecimiento adecuado y el movimiento articular. Será importante bajar los niveles de inflamación articular, para que los ejercicios sean efectivos y menos dolorosos.

Algo de suma importancia en la calidad de vida de estos niños, es reducir sus niveles de inflamación. Para controlar la inflamación se necesitará suplementar algunos nutrientes, como norma general. Los más importantes son el ácido ascórbico puro (vitamina C), el omega 3 y vitamina E natural.  En los niños, el gramaje de vitamina C generalmente debe ir desde los 4 a 8 gramos diarios según tolerancia (la intolerancia puede manifestarse con leve diarrea). El omega 3 contiene ácido eicosapentaenoico (EPA) y ácido docosahexaenoico (DHA). A partir de ellos -y a nivel enzimático- se forman resolvinas de la serie E y D, como también protectina D1. Estos compuestos ejercen acciones antinflamatorias e inmunoreguladoras significativas, que amortiguan la inflamación.

El omega 3 puede ser usado con confianza. En esta condición regularmente  bastará con 2000 mg de aceite de sardinas a diario. En casos de crisis, puede aumentar hasta tres veces la cantidad, y además le será de alivio aplicar una fresca cataplasma de barro en las articulaciones inflamadas.

¿Déficit de nutrientes?

En todas las enfermedades hay déficit de nutrientes. La artritis no es la excepción. Buscar una alimentación saludable es de gran importancia.

Procure buenos niveles de vitaminas A, C, y D. Asimismo, de magnesio, potasio, boro, calcio y azufre.

Cambie su alimentación, eliminando todos los alimentos que provocan inflamación como: harinas, azúcar, arroz blanco procesado, evite toda clase de aceites vegetales excepto el de oliva extra virgen y aceite de coco para cocinar, frituras, bebidas de fantasía con gas, jugos industrializados. 

Sustituya la sal de mesa por sal de mar.

 

También aumente el consumo de pescados y verduras de hoja verde. Incluya jugos de frutas a diario, como piña y manzana. Consuma granos y semillas.

 

 

Use agua purificada o infusiones de jengibre para aliviar el dolor: en una taza de 200 ml, ralle 1/3 de cucharadita de raíz de jengibre, vierta agua caliente, deje que repose diez minutos y sirva.