Mente y Salud :Qué es el estrés y cómo puedo manejarlo

La palabra “estrés” es una de las más citadas en la actualidad no solo en la literatura especializada, sino también en revistas comunes y en conversaciones con amigos o familiares, y connota la sensación de cansancio mental y frustración. Pero, ¿qué es el estrés? Esta palabra significa “tensión llevada al límite”, y hoy describe un conjunto de respuestas fisiológicas, conductuales y emocionales inespecíficas de un sujeto, asociadas a situaciones que el sujeto percibe como amenazantes para la propia integridad física y/o psicológica.

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Sebastián Reyes Fredes

Psicólogo Clínico

La palabra “estrés” es una de las más citadas en la actualidad no solo en la literatura especializada, sino también en revistas comunes y en conversaciones con amigos o familiares, y connota la sensación de cansancio mental y frustración. Pero, ¿qué es el estrés? Esta palabra significa “tensión llevada al límite”, y hoy describe un conjunto de respuestas fisiológicas, conductuales y emocionales inespecíficas de un sujeto, asociadas a situaciones que el sujeto percibe como amenazantes para la propia integridad física y/o psicológica. Entre los síntomas físicos típicos están problemas cardiovasculares, alergias, cefaleas, dificultades para respirar o para conciliar el sueño o problemas gastrointestinales. Algunos síntomas psicológicos son ansiedad, frustración, sensación de irritabilidad e hipersensibilidad a los contratiempos, sensación de pena o ganas de llorar sin motivo o –al contrario–incapacidad para sentir emociones, dificultades para concentrarse e incluso pérdidas momentáneas de memoria. Como síntomas conductuales pueden darse problemas de alimentación, agresividad, abuso de alcohol o sustancias, tabaquismo, disminución de la productividad laboral o incluso, mayor predisposición a tener accidentes.

¿Qué provoca el estrés?

Todo lo que hace que nos sintamos tensos, enojados, frustrados o infelices, sobre todo las situaciones de la vida diaria que son vividas como una carga, tales como encargarse del hogar, la necesidad de contar con más dinero, las presiones del trabajo o las situaciones que sentimos que se nos escapan de las manos.

 

Estrés en Chile

Según la encuesta Chile 3D Adimark, en 2013, ya se observaba un alza de hasta el 34% en los niveles de estrés de la población, a pesar de aumentar la sensación de felicidad en la misma muestra, y una baja de hasta el 53% en la sensación de relajo. El principal modo utilizado por los chilenos para relajarse sería por medio de la televisión (28%), lo que no ayuda a disminuir el estrés. Un estudio laboral realizado con más de dos mil entrevistados chilenos en 2015, indica que el 82% de los chilenos habría presentado altos niveles de estrés laboral en el 2015, asociado a exceso de trabajo, obligaciones o una vida saturada de actividades (trabajando.com). De este mismo grupo, un 25% habría padecido episodios incómodos de ansiedad, un 14% insomnio y un 11% cuadros depresivos. Los especialistas estiman que aproximadamente el 50% de la población chilena podría estar afectada por el estrés, trastorno que en un alto grado y mantenido en el tiempo, se constituye en un factor de riesgo fuerte para contraer enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer, entre otras, además de su molesta sintomatología. Todo ello nos alerta de la gravedad y magnitud del fenómeno en la población, y del problema de salud pública que representa.

 

Estructura fisiológica del estrés

Reacción general de adaptación (Seyle, 1936): El estrés es más que un malestar psicológico: es una respuesta determinada por la biología para afrontar situaciones complejas. Para ejemplificar lo que ocurre en nuestro organismo de modo más claro, haremos una analogía entre un ser humano y un barco como el Titanic. Primero, ante la percepción de un potencial peligro, una señal química enviada por el cerebro hace que la persona reaccione en forma automática y defensiva con el fin de recuperar el estado de “comodidad” inicial. –En el Titanic, los vigías ven un iceberg y lo interpretan como posibilidad de que cause un accidente fatal, por lo que avisan rápida y defensivamente a los oficiales para que estos tomen la medida de disminuir la velocidad y soslayar el iceberg para volver a sentirse seguros.– Si luego de esa fase aún continúan ocurriendo situaciones potencialmente estresantes, el sujeto ya no puede sostener la primera estrategia y libera sustancias químicas que aumentan la capacidad de resistencia o de adaptación a las condiciones. Aquí es donde el cuerpo, con el fin de mantenernos despiertos o alertas, hace que no nos dé sueño o se nos quite el hambre y nos permite sobreexigirnos, con el desgaste posterior que ello significará para el cuerpo y a costa de emociones negativas de miedo o de frustración, que terminarán por reducir el rendimiento, la resistencia y/o tolerancia a la frustración. –El barco pasa por al lado del iceberg, pero este igual le pega rompiéndolo, lo que causa el problema del ingreso del agua. Con esto, los oficiales y el capitán pierden la sensación de control y comienzan a desesperarse.– De perdurar esta etapa se generarán las manifestaciones típicas de los cuadros de estrés; el sujeto se va desgastando y va consumiendo sus recursos y energía, produciéndose trastornos médicos o psicológicos que pueden llegar a ser crónicos. –No solo el barco se hunde, sino que además se produce caos y muertes innecesarias por no saber administrar los botes salvavidas y por falta de estos.

 

Por lo general, el estrés se da con una razón matemática: Cuantas más circunstancias estresantes se nos junten en un periodo determinado, más probable será que suframos un cuadro de estrés físico o emocional. Ello no involucra solamente situaciones connotadas como desagradables, sino que algunas situaciones que suelen considerarse agradables también pueden desencadenar reacciones de estrés, por ejemplo, casarse, tener un hijo o planificar un viaje.

Las situaciones estresoras tienen algo en común: la sensación de no tener el control. Por otro lado, no olvidemos que si bien los seres humanos somos muy parecidos, tenemos diferencias en género, edad, crianza y otras que definen cómo percibimos las circunstancias. Desde allí, existen situaciones que estresan a algunos y entusiasman a otros.

Incluso es cierto además que una pequeña dosis de estrés puede ser beneficiosa, ya que nos empuja a enfrenar retos y superarlos, generándonos una agradable sensación de logro cuando así ocurre y previniendo la sensación de aburrimiento. De este modo, el nivel de estrés depende más de nuestra propia confianza en los recursos que tenemos para solucionar una situación, que de las características de esa situación. En otras palabras, la dificultad de una situación está más bien en el ojo de quien la mire; lo que para uno es estresante para otro es un desafío que lo llena de energía y le genera sensación de poder.

Defensas naturales contra el estrés

No se recomienda el uso de alcohol, drogas, medicamentos o tabaco para bajar la ansiedad del estrés no solo por sus efectos poco saludables, sino porque además dificultan los procesos naturales de defensa y adaptación, y aumentan la posibilidad de hacernos dependientes a esas sustancias como único medio de lograr satisfacción. Por ejemplo, si consumimos siempre relajantes para controlar la ansiedad, perdemos la capacidad de relajarnos sin las pastillas, sin el alcohol o el cigarro, y nos costará más sentirnos satisfechos en cualquier situación. Por esto, lo más recomendable es aumentar los recursos de defensa naturales.

Entre los más útiles como barrera de prevención del estrés están: dormir bien, aprender a relajarse, hacer ejercicios y alimentarse de modo balanceado para prevenir desgastes físicos cardíacos, por hipertensión u otros que aumentan su probabilidad de ocurrencia ante situaciones de estrés. Veinte minutos de caminata diaria ayudan a relajarse naturalmente y a conciliar un mejor sueño.

 

Como recursos psicológicos tenemos nuestra propia capacidad de aprender a darnos ánimo y calmarnos, ya que el reaccionar con terror y pensar siempre en desgracias también son conductas aprendidas. Debemos aprender a aumentar nuestra capacidad de sentir que controlamos lo que nos pasa; para esto podemos intentar anotar nuestras reacciones de estrés en los momentos que nos ocurren. Por ejemplo, cuando nos pusimos nerviosos por llegar tarde a tomar la micro, o cuando nos sentimos irritables por una conversación durante el almuerzo familiar. Luego, tenemos que pensar en modos prácticos cómo solucionar las situaciones o mejorarlas en alguna medida. Para los ejemplos dados sería levantarse más temprano para andar con más tiempo al esperar la micro o tratar de cambiar el tema de conversación hacia un tema más agradable en el almuerzo con la familia.

Finalmente, es muy bueno que nos autocompensemos haciéndonos un regalo cuando logramos cambiar  esa conducta conflictiva; por ejemplo, regalarnos algo si tomamos la micro a tiempo y sin atraso, o si logramos manejar nuestro estado de ánimo durante el almuerzo con nuestra familia aunque no la estemos pasando tan bien. A veces pequeños pasos producen mejoras que si bien son pequeñas, por otro lado son sustanciales.

Terapias complementarias que ayudan a combatir el estrés Muchas personas hallan beneficios en las terapias complementarias para controlar su sensación de estrés. Entre otras, la concentración y contemplación de la meditación permiten disminuir los dolores de cabeza y la hipertensión, así como aumentar la sensación natural de satisfacción. La acupuntura alivia dolores y reestablece la salud física y mental al mejorar el flujo natural de la energía corporal. La aromaterapia –mediante la inhalación de aceites esenciales o masajes– produce un relajo temporal que aumenta el estado anímico y la sensación de relajo.

El rol de la psicoterapia

La terapia psicológica es una buena opción tanto para tratar cuadros clínicos de estrés agudos y crónicos como para prevenir futuras recaídas. Mediante diferentes técnicas que van desde el aprendizaje de nuevos modos de afrontamiento y resolución de conflictos, a la comprensión de los propios modos de funcionamiento, suelen tener en común no solo la supresión de los síntomas incómodos, sino que la focalización y revisión con el paciente de los modos en los que el sujeto percibe las situaciones que le generarán ansiedad y, por ende, los síntomas constituyentes del cuadro clínico de estrés.

A modo de síntesis, reflexionar sobre nosotros mismos, nuestra vida y como la estamos llevando siempre es un ejercicio saludable. Solemos cuestionar poco nuestras prioridades y la cantidad de estrés innecesario que podemos eliminar al realizar ese ejercicio de separación entre lo que realmente es importante en la vida para dedicarle nuestro tiempo y la energía de aquello que, en realidad, no lo es.

Fuentes:

-www.trabajando.cl/noticias/1441812018/El-82–de-los-chilenos-ha-presentado-algun-cuadro-de-estres-laboral-el-ultimo-ano.html

-www.lasegunda.com/Noticias/Buena-Vida/2014/08/955056/50-de-la-poblacion-en-Chile

www.stress.cl