Niños capturados frente a las pantallas

La interacción constante con un dispositivo electrónico sumerge al niño en un estado de quietud, quedando expuesto a estímulos rápidos e intensos que le ofrecen respuestas inmediatas. Así, es frecuente ver que pierde el interés por cosas más lentas o menos intensas, presentando dificultades para soportar la frustración.

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La mayor parte del tiempo libre de los niños cuando están en sus hogares está dedicada a interactuar con dispositivos electrónicos como tablets, videojuegos o televisión. Frente a estos parecen estar capturados e hipnotizados por la cantidad de estímulos que reciben, siendo lo único que interrumpe este estado de enajenación, la intervención de un adulto responsable que les acota la permanencia, que de ser por ellos, sería indefinida.

Podríamos decir que desde hace un tiempo el juego real y el juguete propiamente tal, están siendo desplazados por los juegos virtuales y la permanencia ante las pantallas, ya sea viendo películas o series a las que acceden ilimitadamente.

Un ejemplo concreto del desplazamiento del juguete, tomado entre otros, es el de los legendarios juguetes de bloquecitos para construir distintos objetos que, partiendo de la imaginación, el niño puede crear (autos, casas, camiones de bombero, prisiones, etc.).

Luego de un notable esfuerzo para armarlos, el niño obtiene una especie de “tesoro”, que está listo para ser protagonista de una historia creada por él, una trama lúdica. En los juguetes en general, siempre es el niño es el que determina esta trama, el escenario y los personajes. En estos puede proyectarse, haciendo activo lo que vive pasivamente, es un “como si”, una manera de simbolizar algo.

Los juguetes están cambiando

El problema que se nos plantea en la actualidad es que los juguetes están entrando en un proceso de metamorfosis, están cambiando su esencia, están ingresando al mundo virtual, ya que los niños encuentran imágenes virtuales atrapantes de estos tan solo con encender un dispositivo electrónico. De esta forma, el menor pasa de ser el creador de la trama a un espectador casi pasivo en donde la escena, impermeable a la proyección, ya está determinada por otro, obturando la creación y la imaginación.

Intolerancia a la frustración

Debemos tener en cuenta que la interacción constante con un dispositivo electrónico sumerge al niño en un estado de quietud, quedando –al mismo tiempo– expuesto a estímulos rápidos e intensos que le ofrecen respuestas inmediatas. Así, ante demasiada exposición es frecuente ver que comienza a desvanecerse su interés por cosas que son más lentas o menos intensas, presentando dificultades para soportar situaciones que no le brinden resultados en corto plazo. Esto es incapacidad de tolerancia a la frustración. Actualmente, con los nuevos sistemas de televisión “on demand”, el niño no tiene que esperar al próximo día para ver qué pasará en el siguiente capítulo de su serie favorita, sino que puede quedar hipnotizado durante horas frente a la pantalla hasta llegar al final.

Controlar la tecnología antes que nos controle a nosotros

Lo que es necesario destacar es que el problema no es el avance de la tecnología en sí misma, todo lo contrario, sino que ni el adulto ni los niños en consecuencia, están pudiendo administrarla.

Cuando un niño juega a un juego real, como por ejemplo, saltar a la soga, jugar al elástico, jugar con muñecos, etc., con todo lo que esta exposición conlleva, es decir, alegría, enojos, logros, frustraciones, reintentos, etc., se está enriqueciendo.

Limitarle al niño el uso de los dispositivos electrónicos, tiene que ver con cuidarlo. Generalmente, ante esto queda en un estado de enojo, desasosiego y aburrimiento que será trabajo de los adultos responsables saber tolerar, ya que es una instancia que abre la posibilidad a que el niño implemente sus recursos para crear algo nuevo.

Por Paula Martino

Psicóloga con orientación psicoanalítica