Hongos Champiñones Pequeñas máquinas que brindan nutrición y medicina

¿Sabía usted que los hongos NO son vegetales? De hecho, tienen características muy diferentes y por eso son clasificados en un reino aparte.

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¿Sabía usted que los hongos NO son vegetales? De hecho, tienen características muy diferentes y por eso son clasificados en un reino aparte. Básicamente, los hongos son organismos que se alimentan de materia orgánica en descomposición o desechos de otros animales, por lo que se cree que tienen una relación más cercana con el reino animal. Los hongos pertenecen al reino fungi y van desde los hongos unicelulares más pequeños como la levadura, hasta algunas callampas enormes con propiedades alucinógenas.

Se denomina champiñón a cualquier hongo comestible que sea visible (macroscópico) y tenga forma de ombrillita. Mientras que la palabra seta hace referencia a cualquier hongo macroscópico, ya sea comestible, venenoso o lucinógeno.

De acuerdo con la sabiduría oriental, el consumo de champiñones previene la hipertensión, la ateroesclerosis y evita el estreñimiento. Proporcionan longevidad y vigorizan el organismo, ayudando a las personas a recuperarse de la fatiga y a fortalecer su capacidad sexual. 
A continuación veremos cómo logran entregarnos estos beneficios y más, de acuerdo a la investigación occidental.

Los champiñones:

Son excelentes fuentes de antioxidantes en general, como los polifenoles, que son comunes en el mundo de las plantas. Pero también contienen antioxidantes que son únicos en los hongos. Uno de ellos es la ergotioneina, que los científicos están comenzando a reconocer como un “antioxidante maestro”. Curiosamente, es un aminoácido que contiene azufre y parece tener un papel específico en la protección del ADN del daño oxidativo.
Además presentan elevados niveles de beta-glucanos, una fibra soluble que ayuda a tratar enfermedades alérgicas y que influye positivamente en el sistema inmunológico.

Poseen efectos antitumorales. Recientes investigaciones han demostrado que ciertas variedades de hongos comestibles, entre los que destaca el champiñón ostra, contienen cantidades importantes de polisacáridos de  estructura molecular compleja (entre los que se encuentran los betaglucanos), que han revelado una gran capacidad antitumoral, es decir, se ha comprobado en laboratorio que estas sustancias son capaces de retardar y disminuir el tamaño de algunos tipos de tumores, además de prevenir su formación.
Son probióticos, lo cual significa que ayudan al organismo a combatir las enfermedades, restaurando el bienestar y equilibrio natural de nuestra flora intestinal. Probablemente a causa de este equilibrio bacteriano, un estudio realizado en ratones encontró que los hongos blancos mejoran la respuesta inmunológica adaptativa a la almonella.
Tienen un elevado nivel de vitamina B2, por lo que son sumamente valiosos para tratar afecciones de la piel y mejorar el insomnio o estrés. Una carencia de esta vitamina puede acabar en problemas dentales, siendo su consumo de gran importancia para prevenir y tratar dichos problemas.

 

También son ricos en minerales como fósforo, que es esencial para sintetizar energía intracelular, y potasio, que contribuye a mantener una presión arterial saludable y unos huesos fuertes.

Son una fuente natural de selenio, otro mineral con propiedades muy beneficiosas para la salud, que actúa como antioxidante protegiendo a las células de los radicales libres.
Resultan especialmente beneficiosos para las personas que siguen un régimen de adelgaza-miento, debido a que son agua en un 85%. Ideal para diabéticos, además de ser un producto altamente saciante, los hongos blancos son un excelente alimento bajo en calorías.
Contienen numerosos nutrientes, incluyendo proteínas, enzimas, vitamina B3 (niacina) y vitamina D2.

Hay muchos tipos de hongos que vale la pena considerar si es que quiere mejorar su alimentación, entre los que están: diente barbudo, seta ostra, melena lanuda, morchella (parecido a un panal de miel), shiitake (que es un hongo negro de bosque) y hongo de campo. Sólo asegúrese de que sean cultivados de forma orgánica, con el fin de evitar contaminantes que puedan ser absorbidos por los hongos. También evite recoger hongos silvestres a menos de que esté absolutamente seguro de su variedad.