Fisiología preventiva del amor

El amor basado en la fidelidad, confianza y empatía (en suma, menos estrés) se traduce en menores niveles de triglicéridos, colesterol y presión sanguínea. Padres en estas condiciones están mejor dotados para criar y maximizar los primeros dos años de vida del niño, donde la oxitocina (a través del vínculo afectivo) funciona como un constructor de vías neuronales y fortalece la microestructura de las capacidades de aprendizaje y memoria.

El amor basado en la fidelidad, confianza y empatía (en... seguir leyendo

En cuanto al amor, a nosotros los seres humanos se nos concedió el privilegio y la capacidad de compartirlo recíprocamente. El que ama debe conocer al sujeto de su admiración, sus etapas, sus deseos y necesidades, tanto mentales como biológicas, ya que un emisor que ama a su manera, puede no ser traducido como un sentirse amado por el receptor. Hay personas que se sienten amadas cuando se les dedica tiempo, otras cuando se les expresa verbalmente lo que significan, y hay quienes necesitan el abrazo, el contacto piel a piel para sentirse cercanos y queridos. Por último, están quienes necesitan actos de servicio o regalos que les inspiren a sentirse valorados. Todos estos conforman un lenguaje de expresión, pero cada cual, según su idiosincrasia, prefiere uno más que el otro en un orden jerárquico. ¿Se ha preguntado cómo ama usted o cómo desea que lo amen?

La evidencia neuroendocrino-inmunológica de los efectos del amor es asombrosa como agente de prevención y, por supuesto, de curación. Según un estudio, es menos probable que los jóvenes que se sienten amados por sus padres y cómodos en sus escuelas tengan relaciones sexuales precoces, abuso de alcohol, tabaco, drogas, actos de violencia o suicidio. Por otra parte, las mujeres con cáncer de mama que tienen apoyo social tienen un 30 % más de células asesinas (que actúan contra virus, bacterias y tumores) por parte de su sistema inmunológico que quienes no poseen tales conexiones. Sentirse querido incluso puede prevenir la obesidad, porque al experimentarse pleno, recurrirá menos a llenar la ansiedad del vacío afectivo con exceso de comida.

La presencia de amor se traduce en la existencia de sustancias químicas de este factor. Por ejemplo, la oxitocina, conocida como hormona del amor y del vínculo, posee muchas funciones, entre las cuales figura su capacidad ansiolítica. Aquella, que se hace presente al recibir una caricia, al percibir una escucha atenta, una mirada compasiva o al escuchar un te quiero, es capaz de disminuir los niveles de estrés de un bebé que llora, de un niño que se sintió rechazado por sus compañeros o de acompañar a alguien en un proceso de pérdida. Convivir en un ambiente donde prime la motivación, el apoyo mutuo, la generosidad, equivale a menos estrés emocional y más hormona del crecimiento disponible, lo que favorece la regeneración de nuestras células y preserva al cuerpo de la fatiga crónica. Segregar oxitocina es tan importante que, a nivel de nuestro órgano maratónico –el corazón– estimula la angiogénesis (formación de nuevas células cardíacas), reduce la inflamación y el estrés oxidativo, aumenta la captación de glucosa por los cardiomiocitos, protege las mitocondrias y mejora la cicatrización en caso de daño celular. Manifestar ternura, compasión y bondad también tiene efectos antioxidantes a través de dicha hormona sobre el corazón. Mediante los sentimientos mencionados se desactivan los receptores de la amígdala cerebral que perpetúa el miedo y la agresividad, dejando paso a un estado más relajado y menos neurótico.

Varios estudios han descrito que la oxitocina ejerce efectos estimuladores o inhibidores sobre las funciones digestivas, y se han encontrado receptores de esta hormona en todo el tracto gastrointestinal. Imagínese entonces el efecto que pueden tener sobre el colon de algunos chilenos empleos donde no hay calidez que compense la excesiva demanda de paciencia, sobre todo en áreas de atención al público. Por lo menos sería deseable que al llegar a casa tengan un dulce hogar que les proporcione el equilibrio emocional.

En una relación de pareja, el amor basado en la fidelidad, confianza y empatía (en suma, menos estrés) se traduce en menores niveles de triglicéridos, colesterol y presión sanguínea. Padres en estas condiciones están mejor dotados para criar y maximizar los primeros dos años de vida del niño, donde la oxitocina (a través del vínculo afectivo) funciona como un constructor de vías neuronales y fortalece la microestructura de las capacidades de aprendizaje y memoria. Por cierto, en cuanto a la relación de pareja y el apoyo brindado a la futura madre, en marzo de 2007, un equipo del Institute of Reproductive and Developmental Biology del Imperial College London publicó estudios que evidencian que si una madre sufre estrés durante el embarazo, es más probable que su bebé tenga problemas emocionales o cognitivos (como riesgo de déficit de atención e hiperactividad, ansiedad, y retraso en el desarrollo del lenguaje), con independencia de los efectos de la depresión o ansiedad materna posnatal. Los investigadores sugerían que la relación con la pareja puede ser importante a este respecto. También señalaban que la magnitud de estos efectos es clínicamente significativa, ya que un 15 % de los problemas emocionales o del comportamiento se deberían a estrés o ansiedad prenatal.

Cuando en una jaula se colocaban conejos para estudiar las enfermedades cardiacas, se les daba comida considerada obstructora de las arterias, pero a un grupo de estos conejos se les brindaban caricias y a otros no. Los que recibieron trato afectuoso presentaron menos obstrucción arterial. Este estudio nos manifiesta cómo el tacto físico cariñoso puede incluso retrasar el avance de enfermedades como, en este caso, la ateroesclerosis. Algunas patologías pueden vivir latentes en nosotros, pero si el ambiente nos proporciona los ingredientes preventivos, como el invitado de este escrito, es posible silenciarlas o a lo más retrasarlas. He aquí otro ejemplo aún más claro. La revista Nature Neuroscience, en el año 2004, habla de cómo ratas con madres de trato afable y cariñoso crecían con la capacidad de tolerar mejor el estrés en la adultez en comparación con las de madres más distantes y desapegadas. Las crías de estas últimas presentaban una mayor sensibilidad y sobresalto al estrés. Resulta significativo cómo las conductas vinculares de los padres o cuidadores de un niño claramente pueden determinar cuán eficaz será este a la hora de abordar los futuros conflictos y frustraciones de la vida que indudablemente le esperan. Pues solo un sistema cerebral bien estructurado podrá ser capaz de lograr la autorregulación en instancias mentalmente desestabilizadoras.

Por: Roberto Pino Arias (Preparador físico, fisioterapeuta deportivo, estudiante de Psicología)

Bibliografía

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(Artículo publicado originalmente en El Guardián de la Salud, edición 149, en su versión impresa)

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