Criar hijos sanos: Fiebre y dolores estomacales pueden ser tratados en casa

Esta guía pretende desestresar a los atareados padres que temen mucho por la salud de sus niños, para que asuman un papel más importante y participativo.

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¿Cuántas veces los padres han corrido una y otra vez a la consulta del pediatra a preguntarle si tal o cual comportamiento es normal? En general, esto es algo que se repite mucho, especialmente en padres primerizos. Esta guía pretende desestresar a los atareados padres que temen mucho por la salud de sus niños, para que asuman un papel más importante y participativo.

Pero ojo, esto no significa que usted deba asumir el papel de médico haciendo mal lo que un buen médico podría hacer bien.

Permítame compartir con usted algunas premisas, bases de los consejos y recomendaciones para cuidar la salud de sus hijos:

  1. Si el niño no está enfermo, si su aspecto no es enfermizo, si no actúa como un enfermo, probablemente no está enfermo.
  2. Ofrézcale a la madre naturaleza suficiente tiempo para que aplique su magia, antes de exponer al niño a los efectos colaterales físicos y emocionales en potencia de los tratamientos que su médico pueda administrar.
  3. El sentido común es la herramienta más útil para tratar una enfermedad.

Alimentación apropiada para la salud y la crianza

Su primera y más importante decisión nutricional, darle o no pecho, afectará la salud y el desarrollo del niño por el resto de su vida. La lactancia materna es el fundamento para una crianza física y emocionalmente saludable, ya que provee a la madre y a su hijo de numerosos beneficios.

  1. La leche materna, probada en el tiempo desde hace miles de años, es el mejor nutriente para el bebé, porque es el alimento perfecto de la naturaleza.
  2. Un bebé amamantado recibe de su madre una inmunidad natural contra numerosas alergias e infecciones, lo que le es negado al criarlo con mamadera. La leche materna tiene sustancias especiales que inhiben el crecimiento de bacterias y virus, y le proporciona al niño protección contra las enfermedades durante los meses más críticos de su vida.
  3. El lazo entre la madre y el niño es esencial para el desarrollo emotivo del bebé, y además le entrega recompensas emocionales a la madre. La nutrición que suministra el pecho es la forma ideal de establecer un vínculo casi desde el parto. El recién nacido debe ser alimentado cuando tiene hambre y no según un programa arbitrario.

A veces los padres se preocupan demasiado por las cantidades de alimento que consumen sus niños. Si el pediatra declaró que la mamadera debe contener 160 ml, la madre luchará para que el bebé se la tome toda. Y a medida que crece, ocurrirán repetidas batallas en la mesa para que el niño se una al club del plato limpio. Este es un error, y estas preocupaciones son innecesarias, porque ningún niño, a menos que sufra de anorexia nerviosa, dejará de comer por capricho.

Los niños lloran porque tienen problemas

Los niños lloran porque tienen hambre, o se sienten solos o cansados o mojados o con algún dolor. La gente compasiva no se niega a consolar a un adulto que llora por alguna razón. ¿Por qué una madre amorosa dejaría de consolar a su pequeño niño? Si el niño llora, no lo ignore. Levántelo y descubra qué le pasa. Si llora durante la noche porque se siente solo o con miedo, llévelo con usted a la cama. Siempre los psicólogos y psiquiatras me regañan cuando hago esta última recomendación.

Los hábitos intestinales, diarrea, constipación y control de esfínter son también preocupaciones paternas que comienzan al nacer y continúan a través de toda la vida. Muchas madres se preocupan por el aspecto y la condición de las heces del bebé, en especial si lo amamantan. La regla más razonable es la siguiente: si su hijo aumenta de peso, no se preocupe por el grado de consistencia de las heces, ya sea que estén extremadamente blandas o duras como canicas. Lo que debe preocupar es si baja de peso o si tiene heces sanguinolentas. En este caso, consulte al doctor.

La fiebre, defensa corporal contra la enfermedad

No es sorprendente que la gran mayoría de los padres les teman mucho a la fiebre y a cada grado de temperatura registrado en el termómetro. Pocas veces se justifica tal preocupación. Para eso debe tener en mente algunos datos básicos sobre la fiebre:

1. Una temperatura de 36,8 grados no es una temperatura normal para todos. La temperatura incluso puede fluctuar significativamente durante el espacio del día. Podemos anticipar que sea de 1/3 de grado mayor al anochecer que al amanecer.

2. La temperatura de su niño puede subir por varias razones que no significan enfermedad. Por ejemplo, cuando está digiriendo una comida pesada.

3. Las fiebres que deben preocuparle son las que se deben a un envenenamiento o a una exposición a sustancias tóxicas en el medio ambiente.

4. Las lecturas de temperaturas varían dependiendo de cómo se tomen: rectal, oral o axilarmente.

5. Al aconsejar en contra del tratamiento de la fiebre en sí, hago una excepción en casos de recién nacidos. Por varios factores, la prudencia exige que lleve a su recién nacido al médico si tiene una fiebre persistente.

6. Si su bebé está afiebrado, podría ser por estar muy arropado.

7. La mayor parte de las fiebres son causadas por infecciones virales y bacterianas que las propias defensas del cuerpo superarán sin ayuda médica. El resfrío común y la gripe son las fuentes más comunes de temperaturas corporales altas en niños de toda edad. Pueden llegar incluso a los 40,5 grados, pero aun en tal caso no constituyen una causa legítima de alarma. El riesgo potencial es la deshidratación, que puede derivar en transpiración excesiva, respiración rápida, tos, goteo de nariz, vómitos y diarrea. Una buena regla por seguir es que el paciente beba unos 200 ml de líquido cada hora, en especial fluidos nutritivos. Puede variar con jugos de fruta, agua, o lo que él esté dispuesto a tomar.

8. No existe una relación uniforme entre la elevación de la temperatura de un niño y la gravedad de la molestia.

9. Las fiebres no tratadas causadas por infecciones virales o bacterianas no suben inexorablemente y no excederán los 40,5 grados.

10. Las medidas para bajar la temperatura, tales como suministrar drogas, son contraproducentes. Si su niño contrae una infección, la fiebre que lo acompaña es una bendición, no una maldición. Si usted desea aliviar la fiebre, le recomiendo pasar una esponja con agua tibia (no fría ni alcohol) para reducirla. El alivio de la fiebre se produce por evaporación del agua y no por lo fría que esté.

Puede leer más sobre el manejo de la fiebre en forma natural en Ed. 112, página 12 del GS.

¡Me duele la guatita!

En su mayor parte, los dolores abdominales infantiles no requieren cuidado médico, a menos que se acompañen de síntomas adicionales.

  1. Si el dolor abdominal es el único síntoma, usted tiene mayor autoridad que el médico para identificar la causa. Sin embargo, si se acompaña de síntomas adicionales como fiebre, vómitos, dolor al orinar y heces sanguinolentas, debe recurrir al médico.
  2. Una inspección detallada de los eventos y circunstancias que precedieron al dolor abdominal le permitirá determinar si el dolor es de origen emocional. ¿El niño ha comido demasiado o con mucha rapidez? ¿Tomó alguna medicación que nunca había probado? ¿Habrá tenido una discusión con algún amigo o sufrido alguna experiencia indeseable en la escuela?
  3. Si una visita al médico es indicada, asegúrese de que haga un registro riguroso de los síntomas y de que prescriba una serie de exámenes de laboratorio: análisis de sangre para determinar si hay un conteo elevado de glóbulos blancos; análisis de orina para revisar la presencia de glóbulos blancos que indiquen una infección del tubo urinario, y un examen físico para comprobar si el dolor está localizado en el cuadrante inferior derecho del abdomen y descartar así una posible apendicitis.
  4. Si el médico determina que el apéndice es el culpable, podrá referir el problema a un cirujano.
  5. No deje solo a su hijo en el hospital antes o después de la operación. Quédese a su lado, usted o algún familiar, hasta que esté plenamente recuperado. Luego lléveselo del hospital lo más pronto posible.

Las alergias a ciertos alimentos y productos químicos originan muy a menudo dolores abdominales. La intolerancia a la lactosa es más común de lo que algunos padres se imaginan. Se puede determinar esto desarrollando un plan estructurado que le permita saber si uno o más alimentos que consume el niño están siempre asociados con su molestia. Los alimentos con aditivos químicos son los principales responsables de estos malestares, y su eliminación implica que deberá volver a una alimentación hogareña natural.

Por Paulina Pizarro

Basado en el libro del Dr. Robert Mendelsohn, ‘Cómo criar un hijo sano a pesar de su médico’, publicado en 1983.

(Artículo originalmente publicado en El Guardián de la Salud, edición 147, en su versión impresa)